Por: Carolina Gómez
Trujillo
Viajar
en el Metro de Medellín un domingo, es
algo muy tranquilo, claro está que depende de la hora. Todo comenzó a eso de
las 10 de la mañana en la estación Santa Lucia, gente sentada y otra parada
hace que este recorrido sea ameno, porque es en ese momento donde todas las
personas dirigen su vista hacia el paisaje, alrededores y observan
detenidamente las diferentes personas que hacen parte de su viaje.
Es triste
darse cuenta que todo lo que nos rodea esta diferenciado por clases sociales.
El
norte de nuestra ciudad, refleja una mancha de dolor, un corazón desgarrado
por la violencia y la escasez de buenas oportunidades laborales y de vivienda,
las viviendas de interés social aumentan en este sector, cerca de barrios muy
desprotegidos como lo son Moravia, la Cruz, Caicedo y Santo Domingo Savio, las
rutas de buses invaden las calles estrechas y la problemática de salubridad y
del reciclaje es un asunto preocupante que viene desde la ignorancia de esos
hogares. Pero no todo puede ser malo en el norte, existen maravillosos lugares
que nos hacen ser un referente fuerte de
cultura a nivel internacional como el
Museo de Antioquia, el Cementerio San Pedro, el Jardín Botánico, el Planetario,
La Universidad de Antioquia y el color amarillo de felicidad, esperanza y luz
aumenta por cantidades en estos sectores.
Todo
tipo de flores, funerarias y hoteles de paso también hacen parte de esta zona
norte donde los choferes y personas de bajos recursos los usan cotidianamente,
en esta zona sobresale las curiosas
fachadas de las casas y albergues de las personas que sufren y padecen una
pobreza paupérrima, donde los colores y materiales utilizados para construir
reflejan el trabajo en equipo, el amor y la fortaleza de seguir adelante así se
estén muriendo de hambre por dentro. A este lado de la ciudad le falta la mano
de Dios, le falta el amor del prójimo y la ayuda comunitaria.
Por otro
lado, se encuentra el sur de la ciudad, con un toque más urbanizado y
comercial,
fábricas, edificios altos, árboles y automotoras adornan las calles donde
la velocidad y las imprudencias de tránsito se toman el protagonismo de esta
zona. Todo por aquí es lindo, centros de diversión, discotecas y universidades
hacen parte de este panorama, un panorama más crucial y lleno de afán. El sur
es considerado para muchas personas la zona de los ricos, el estrato seis
“imposible de pagar”, el sector de la mafia de Medellín y de las apariencias; porque no quiere decir
que todo el que viva por los sectores del Poblado, Envigado, la Estrella y la
Aguacatala sean ricos, muchas personas viven ahí con la nevera vacía y sólo por
ser aceptados dentro de sus vínculos y amistades sociales. También es llamado
“cielo roto” llueve la mayoría del tiempo, se siente el frio y la soledad; para
vivir en el sur se debe tener carro pues el transporte es más demorado, los
lugares son muy retirados unos de otros
y no hay tiendas de barrio a diferencia de la zona norte.
También
se puede observar la cultura orden y el aseo con el medio ambiente, es muy raro
ver las calles sucias y las basuras puestas en cualquier lugar, cada cosa o
establecimiento están ubicados donde debe de estar. El puente de la calle
cuatro sur, adornó de una manera maravillosa la ciudad, llenándola de
innovación y admiración de otras ciudades aledañas y también lejanas. Se hace
difícil ver las montañas, pues las construcciones se han apoderaron de este
territorio
Medellín
es un contraste de tipos de vida, todas las cosas son ubicadas y puestas en un
lugar conveniente y donde generen buenos
ingresos económicos, la vida se mueve de una manera diferente de norte a sur y
de sur a norte; únicamente las personas que tienen que trabajar en las calles
como las personas de oficios varios, los periodistas y los choferes saben
realmente que es convivir día a día en una aglomeración de miedos, violencia,
apariencias y tempestades. Todas las personas son iguales sin importar donde
esté ubicada su vivienda, que oficio desempeña y cuántos salarios se gana al
mes porque las cosas materiales no son las que llenan el espíritu humano.



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