Y entre esa pasión lúgubre, los cuerpos inamovibles parecen
despertar en la mente de los vivos y exhalar suspiros a través de las rosas que
más nunca podrán decir: Te Amo…
por: Andrés Vélez Díez
Génesis
Dada
la a veces injusta reputación de Medellín como epicentro de la violencia,
desapariciones y grupos armados… no se puede desconocer la implacable labor de
aquellos sitios, donde yacen los restos innumerables de la historia de la
villa, de los suspiros y susurros de los amantes que ahora, no son más que
tierra y uno que otro clavo carcomido en oxido, los vestigios de padres
fundadores o de aquella maestra, cuya lección no será escuchada.
Como
en muchas otras partes de mundo, se rinde tributo y honores a la muerte, ese
ser esquelético, sombrío y de pocos amigos… pero casi nadie al parecer le
dedica el tiempo, para dar justicia a su sombría labor, la idea de control
poblacional, no está vinculado solo al gobierno, no!!!!!... O quien podría
imaginar, un personaje
tan agradable como Hitler, caminando por la plaza de la América,
trastabillando, comprando manzanas y moviendo ese ridículo bigote, ya no
quedaría judío vivo. O al mismo Einstein, viendo como su creación fue
convertida por estos indios, en un arma de destrucción masiva, se pega un tiro
de la depresión.
“Cuando salí del pago le dije adiós con la mano
y se quedó mama vieja muy triste en la puerta el rancho…”
Aunque
no se está en la Pampa, Argentina. Los versos gauchos redoblan la partida o
algún aniversario de algún ser fallecido, los lirios, las rosas y el carrangueo
de cuerdas, evocan las cálidas miradas que se dejaron de dar.
“Esta despedida,
no es un adiós… es tan solo un hasta luego”… Un proceder sutil, que se alza
entre llantos y alaridos sordos, que erizan la piel…en este momento los boleros
y las canciones de antaño, se ven opacadas por esa lírica popular, por el beatboxing,
por esos tonos de anís de una garrafa de guaro que se derrama, para refrescar
las tumbas, secas por los años.
La
intervención de espacios se torna vital, estos son ocupados por estatuas de
bronce, envueltas en patina de olvido, algunas incluso más viejas que los
mismos árboles que vieron levantar los muros que contienen la urnas fúnebres.
Entre las sombras se irguen los más clásicos templos griegos y romanos, entre
fustes y frontones, se crean guardas y mausoleos que aseguran que no se profane la memoria de las
importantes familias.
Las piedras de mármol pulido, se acercan y parecen formar
una gran autopista de almas.
Y como punto final, filigranas doradas enmarcan ese nombre desconocido para la mayoría, esas filigranas que parecen enredaderas, dan vueltas y vueltas encima de las lapidas, tantas vueltas que simulan perderse en otra vecina.
Así como los antejardines, en las casas de Laureles, cada tumba parece competir con otras, para determinar cuál es la más ostentosa, como si el volumen de las flores y adornos, pudieran formar una equivalencia, en el cuanto se quería y se extraña al difunto.
El poderío de la familia y su poder adquisitivo, pareceinstintivamente sobresalir por encima, de los estándares del ritual y abandonar
los vecinos, para entrar a ser una isla independiente, para transformarse en un
paraje para turistas, que visitan las sagradas tierras.
Las
ilusiones de un pueblo tradicionalista y conservador, parecen dejar a un lado
la arquitectura clásica y al igual que un padre cede el lugar a su hijo, las
construcciones figurativas, entran a acariciar un poco la gloria de estos
lugares de descanso, las urnas dejan de ocupar fríos muros y pasan a ocupar
grandes archivos de madera…
Las
chimeneas
en acero, se disponen de tal forma que un rústico recubrimiento de óxido,
relata el paso de ese tiempo implacable, que recuerda que nada es para siempre
y que todo es frágil. Esas esculturas de arte moderno reflejan ese cambio de
temporadas, de pensamientos, de percepciones y vanguardias…
Las
ilusiones de un pueblo tradicionalista y conservador, parecen dejar a un lado
la arquitectura clásica y al igual que un padre cede el lugar a su hijo, las
construcciones figurativas, entran a acariciar un poco la gloria de estos
lugares de descanso, las urnas dejan de ocupar fríos muros y pasan a ocupar
grandes archivos de madera…
Las
chimeneas
en acero, se disponen de tal forma que un rústico recubrimiento de óxido,
relata el paso de ese tiempo implacable, que recuerda que nada es para siempre
y que todo es frágil. Esas esculturas de arte moderno reflejan ese cambio de
temporadas, de pensamientos, de percepciones y vanguardias…







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